Normas y límites. ¿Por qué los necesitan los niños?

A la hora de educar a nuestros hijos es importante que como padres les establezcamos desde que son pequeños hábitos y rutinas complementados con normas y límites que deben ir cambiando y evolucionando con el crecimiento del niño.

A los niños les encanta divertirse y pasárselo bien en su día a día, y para ellos es a veces difícil  comprender que también tienen obligaciones y normas que respetar. Aquí es donde el papel de los padres es primordial.

Es básico que la implantación de normas y limites se haga de un modo adecuado, y que se siga una coherencia en su aplicación, porque en caso contrario podemos estar fomentando conductas inadecuadas en el niño sin querer.

¿Qué entendemos por Límites?

De un modo sencillo podemos decir que los limites o normas son una especie de muros o barreras frente a los cuales el niño se tiene que detener, ya que le indica hasta dónde puede llegar.

A la hora de marcar límites hay que tener en cuenta que estos les proporcionan a los niños un espacio en el cual pueden desarrollarse y crecer libremente, mientras aprenden como ser independientes y como relacionarse con los demás.

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Una ausencia de normas y límites en el entorno familiar puede hacer que el niño se sienta inseguro y acabe comportándose de manera disruptiva o caprichosa.

¿Por qué es necesario marcar límites?

1. La seguridad en el niño aumenta

El niño se siente más seguro y protegido, ya que sabrá cómo hay que reaccionar ante una determinada circunstancia; además, si el niño sabe que puede hacer lo que quiera sin consecuencias negativas, puede llegar a sentirse más fuerte que sus padres y pensar que estos no pueden protegerle.

2. Le permiten al niño entender e integrar las normas que rigen su entorno.

Son una referencia de comportamiento en ámbitos fuera del familiar, lo que contribuye a fomentar las habilidades sociales.

3. Facilitan predecir la actitud de los padres ante determinados comportamientos de sus hijos.

El niño puede así saber que, si hace o no hace algo establecido en una norma, sus padres reaccionarán de una manera determinada, que puede ser positiva o negativa para él.

4. Ayudan a los niños a portarse bien

También contribuyen a generar un sano autoconcepto, ya que es más fácil portarse bien cuando los límites están bien definidos.

5. Enseñan al niño a tolerar la frustración

También a saber renunciar a sus deseos, lo cual le servirá para desenvolverse en la vida en general.

Consejos a la hora de aplicar límites

1. Ser concretos

Han de ser normas bien especificadas y precisas, para que el niño las entienda claramente. En lugar de decir “pórtate bien” le diremos “en este lugar no se puede hablar alto”.

2. Hablar con firmeza

Cuando existe una resistencia a la obediencia, los límites hay que aplicarlos con consistencia y firmeza. Las normas se aplican mejor con un tono de voz seguro, sin gritos, y con el gesto serio.

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3. Guardar las distancias

Cuando decimos “quiero que te vayas a la cama ahora mismo”, estamos haciendo ver al niño que es algo personal. Una buena técnica es hacer ver que consiste en una norma impersonal. Por ejemplo: “Son las 9, hora de acostarse” enseñándoles el reloj.

4. Acentuar lo positivo

Decir directamente a un niño “No”, le hace saber que su comportamiento es inadecuado, pero no le explica cuál es el correcto. En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer antes de lo que no debe hacer.

5. Dar opciones

Se le pueden dar al niño alternativas sobre como cumplir una norma, lo que hará que se sienta con cierto control y se reduzca su resistencia a obedecer. Por ejemplo: “es la hora de vestirse ¿eliges tú una camiseta o lo hago yo?”

6. Explicar el porqué

Cuando un niño entiende el motivo de una regla como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla. Por ejemplo: “No muerdas a otros niños porque les dolerá mucho”.

7. Firmeza en el cumplimiento.

Una norma demasiado flexible (acostarse a las 8 una noche, a las 8 y media en la próxima, y a las 9 en otra noche) hace que los niños se resistan a cumplirla cuando se les exija hacerlo. Las rutinas y reglas importantes en la familia deberían ser efectivas día tras día

8. Desaprobar la conducta, no al niño.

Dejar claro a los niños que lo que no es correcto es su comportamiento, no su persona.  Cambiar un “eres malo” por un “eso está mal hecho”.

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9. Controlar las emociones

Los investigadores sobre psicología infantil señalan que cuando los padres están muy enfadados castigan con más dureza y son más propensos a ser verbalmente y/o físicamente abusivos con sus hijos.

Es normal que el niño quiera probar con su conducta y actitud hasta dónde puede llegar y cuál es la reacción de los padres si se sobrepasa el límite marcado. En ese momento es cuando hay que mostrarse firmes, pues si se da el brazo a torcer, después costará mucho más que vuelvan a respetar esas normas y límites establecidos.

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